¿Por qué se produce el adormecimiento en manos y pies?
Sentir hormigueo, entumecimiento o dolor punzante en manos y pies es una experiencia común que puede ocurrir en cualquier momento del día. A menudo, se asocia con una mala postura al dormir o sentarse, pero también puede ser un síntoma de afecciones más serias, como daño nervioso por toxinas o problemas musculares. Aunque muchas personas lo confunden con artritis, en algunos casos, la verdadera causa puede ser la tenosinovitis, una inflamación de la membrana sinovial que rodea los tendones.

Principales causas del hormigueo y entumecimiento
Entre las razones más frecuentes que pueden desencadenar esta sensación en las extremidades se encuentran:
- Tendinitis: Inflamación de los tendones debido al uso excesivo o movimientos repetitivos.
- Artritis: Inflamación de las articulaciones que puede causar dolor y rigidez.
- Bursitis: Inflamación de las bolsas sinoviales, encargadas de amortiguar el roce entre huesos, tendones y músculos.
- Lesiones en la muñeca o tobillo: Esguinces, fracturas y traumatismos pueden generar compresión en los nervios y afectar la circulación sanguínea.
¿Cuándo preocuparse?
Si el adormecimiento desaparece en pocos minutos, probablemente sea una parestesia transitoria, causada por una mala posición. Sin embargo, si ocurre con frecuencia o se mantiene por largos periodos, podría ser una señal de una afección más seria, como una enfermedad neurológica o una lesión nerviosa crónica.
Opciones de tratamiento y prevención
El tratamiento depende de la causa subyacente del adormecimiento. Algunas opciones incluyen:
- Terapias de frío y calor: Ayudan a reducir la inflamación y mejorar la circulación.
- Ejercicios y estiramientos: Mantienen la flexibilidad y evitan la rigidez muscular.
- Uso de férulas o soportes ortopédicos: Inmovilizar la zona afectada puede aliviar la presión sobre los nervios.
- Medicamentos antiinflamatorios: En algunos casos, los antibióticos o analgésicos pueden ser necesarios para tratar infecciones o inflamaciones severas.
En casos extremos, cuando la inflamación es persistente y afecta la movilidad, se podría requerir cirugía para liberar la presión sobre los nervios o eliminar el pus acumulado. Para evitar complicaciones, es importante tratar el problema a tiempo y evitar esfuerzos repetitivos que puedan agravar la condición.